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Las carreras con calor exigen protocolo, no solo hidratación

El calor se volvió un riesgo de gestión: por qué las carreras de calle necesitan un protocolo climático, no solo hidratación

La imagen muestra una carrera de calle bajo un sol intenso. Un profesional sigue indicadores climáticos en una tablet, mientras los corredores pasan por puestos de hidratación, nebulización y atención médica.
La seguridad con calor empieza con monitoreo, planificación y decisiones tomadas antes de la largada.

La primavera empezó con un mensaje directo para el sector de las carreras.

El Instituto Nacional de Meteorología prevé temperaturas por encima del promedio en gran parte de Brasil entre octubre y diciembre de 2026. Las mayores anomalías se esperan en la región Norte y en partes del Nordeste, el Centro-Oeste y el Sudeste, con posibilidad de olas de calor. El 24 de septiembre, el propio INMET ya alertaba sobre máximas superiores a 40 °C en el Centro-Oeste durante la primera ola de calor de la estación. INMET

Para organizadores, sponsors y gestores deportivos, la conclusión no debería ser solo “tenemos que repartir más agua”.

El calor, la humedad, la radiación solar, la calidad del aire y las tormentas tienen que entrar en el mismo nivel de planificación que se dedica al cierre de calles, al control del recorrido y a la estructura médica. Una carrera de calle no puede controlar el clima, pero sí puede definir de antemano cómo va a responder a él.

Este cambio representa una nueva etapa en la profesionalización del sector: el clima deja de ser una sorpresa operativa y pasa a ser una variable de gobernanza.

La temperatura de la app no cuenta toda la historia

Treinta grados no representan la misma condición en una mañana seca, en una avenida con sombra o en un recorrido expuesto al sol y con humedad alta.

Por eso, los protocolos deportivos usan índices como el WBGT — temperatura de globo y bulbo húmedo —, que considera temperatura, humedad, radiación y movimiento del aire. El Korey Stringer Institute recomienda que las reglas basadas en este indicador se adapten a la región e incluyan modificaciones progresivas, pausas, hidratación y un nivel a partir del cual la actividad debe interrumpirse. University of Connecticut

Pero el WBGT tampoco debería convertirse en un número mágico.

Un análisis publicado en 2026 en el British Journal of Sports Medicine encontró, en competencias de resistencia de élite, aproximadamente dos casos de golpe de calor por esfuerzo cada mil participantes cuando el WBGT estaba por debajo de 21 °C, contra 16 por mil entre 28 °C y 29,9 °C. Ninguna de las carreras analizadas se hizo con un WBGT igual o superior a 30 °C, lo que limita las conclusiones sobre condiciones todavía más extremas. bjsm.bmj.com

El dato refuerza dos puntos. El riesgo crece con la carga térmica, pero una decisión responsable no debería depender de una tabla aislada. La distancia, la duración de la exposición, el horario, el perfil de los participantes, la aclimatación, la sombra, la capacidad médica, la calidad del aire y la posibilidad de rescate también importan.

El Comité Olímpico Internacional recomienda que las decisiones sobre eventos con calor consideren el monitoreo ambiental, una evaluación específica de la disciplina y una mitigación liderada por profesionales capacitados. Entre las posibilidades están cambiar horarios, reglas, duración y condiciones operativas.

Brasil ya tiene una base para avanzar

En abril de 2026, la Confederación Brasileña de Atletismo publicó su Plan de Seguridad y Emergencia en Carreras de Calle. La recomendación establece que la planificación sea individualizada y considere recorrido, distancia, cantidad de participantes, hospitales de referencia y la temperatura y la humedad esperadas.

El documento también prevé un director médico, puestos de hidratación, ambulancias, desfibriladores, comunicación entre equipos, inspección del recorrido y un plan para clima extremo. CBAt

En mayo, la actualización de la Norma 7 empezó a exigir, para las carreras con Permit CBAt Oro y Plata, el envío de un Planeamiento Médico Estratégico y de Riesgo. La norma también detalla el abastecimiento en el recorrido y la estructura de hidratación.

Esto ofrece una base institucional relevante. La brecha está en traducir la directriz en un proceso climático verificable, con responsables, indicadores, disparadores y mensajes definidos antes de la carrera.

Un plan que solo dice “podrá haber cambios por fuerza mayor” traslada la decisión al momento de mayor presión. Un protocolo establece de antemano quién decide, con qué información y qué acciones están autorizadas.

Siete capas para un protocolo climático de carrera

1. La planificación empieza al elegir la fecha

El historial climático del lugar tiene que consultarse antes de confirmar el calendario, y no solo en la semana de la carrera.
Además de la temperatura media, el análisis tiene que considerar las condiciones probables durante todo el período en que el último participante va a estar en el recorrido. Una largada a las 7 h puede parecer adecuada para la élite y, aun así, dejar a los corredores de las últimas olas expuestos al sol cerca del mediodía.

También hay que evaluar los tramos sin sombra, las islas de calor, los túneles, las zonas con tránsito cercano, la dificultad de acceso de las ambulancias y los puntos donde muchos participantes tienden a concentrarse.

Adelantar la largada, reducir el intervalo entre olas o cambiar la época de la carrera puede ser más eficaz que intentar compensar una ventana climática inadecuada con agua y hielo.

2. El monitoreo necesita distintos horizontes

Una operación sólida puede trabajar con cuatro momentos:

  • entre 14 y siete días antes, para dimensionar escenarios;
  • 72 horas antes, para movilizar recursos adicionales;
  • 24 horas antes, para confirmar medidas y comunicarlas a los participantes;
  • el mismo día, con observación local continua antes y durante la carrera.

La temperatura y la humedad son solo una parte del panel. La calidad del aire, el humo de incendios, los rayos, la lluvia intensa, el viento y los anegamientos también pueden cambiar el riesgo.

Las directrices médicas de World Athletics recomiendan que las carreras de calle sigan contaminantes como el material particulado fino, el ozono, el dióxido de nitrógeno y el monóxido de carbono. En marzo de 2026, la entidad amplió su iniciativa de calidad del aire y destacó que los atletas pueden respirar hasta diez veces más aire durante la competencia que en reposo. worldathletics.org

3. Las decisiones necesitan una cadena de mando

El organizador, el director médico, el responsable de la operación, el servicio meteorológico y las autoridades públicas tienen que conocer sus funciones.

No alcanza con contratar un pronóstico. Hay que definir quién tiene autoridad para:

  • adelantar la largada;
  • reducir una distancia;
  • suspender una ola;
  • interrumpir la carrera;
  • cambiar el recorrido;
  • activar recursos médicos extra;
  • comunicar a atletas, voluntarios y sponsors.

La World Academy for Endurance Medicine recomienda un centro de comando unificado, evaluación de riesgos, seguimiento ambiental y planes de contingencia. También indica que todas las atenciones médicas — de corredores, equipos o espectadores — queden registradas.

4. Cada franja de riesgo tiene que generar una respuesta

Un modelo simple puede usar cuatro niveles, desde condiciones favorables hasta riesgo extremo. Pero cada color tiene que corresponder a acciones reales.

En Nueva York, el Event Alert System usa verde, amarillo, rojo y negro. El nivel extremo significa cancelación o interrupción; el rojo indica condiciones potencialmente peligrosas y la recomendación de bajar el ritmo o considerar abandonar. Las banderas se muestran en la largada, en la llegada y en los puestos médicos.
En la Mini 10K de junio de 2026, New York Road Runners anunció de antemano una bandera amarilla e informó medidas concretas: agua en la largada y en la llegada, hielo en las áreas médicas, cuatro puntos de líquidos y estaciones de nebulización.

La lección no está en copiar los mismos colores. Está en conectar indicador, decisión y comunicación.

5. La capacidad médica tiene que variar según el escenario

Si el riesgo cambia, la estructura no puede quedarse fija.

El plan tiene que prever qué recursos adicionales se van a movilizar en escenarios de calor: equipos entrenados, áreas de enfriamiento, hielo, sombra, agua para beber y para enfriar, comunicación rápida y rutas de traslado despejadas.

El diagnóstico y el tratamiento corresponden al director médico y al equipo de salud. El rol de la gestión es asegurar que la estructura, los insumos, el personal y la autoridad estén disponibles.

World Athletics viene reforzando esta profesionalización con cursos de medicina de emergencia en carreras. En Brasil, la CBAt informó que esta certificación se exige a los directores médicos de carreras con sello World Athletics y Permit Oro.

6. El corredor tiene que conocer el protocolo antes de comprar

Los reglamentos suelen detallar kit, cronometraje y reembolso, pero ofrecen poca claridad sobre el riesgo climático.

Una política más madura puede informar:

  • indicadores monitoreados;
  • tipos de cambios posibles;
  • canales oficiales de comunicación;
  • significado de los niveles de alerta;
  • consecuencias de una interrupción o reducción;
  • responsabilidades de la organización y del participante.

Esa transparencia reduce los rumores y ayuda al corredor a ajustar expectativas. En un día caluroso, perseguir el mismo ritmo planificado para condiciones templadas puede aumentar la exposición. El evento tiene que comunicar que modificar la meta no es un fracaso deportivo.

La iniciativa Beat the Heat, de la Organización Mundial de la Salud, lanzada en colaboración con la FIFA y articulada con la OMM y la OIT, propone justamente protocolos, capacitación y comunicación para proteger a trabajadores, espectadores y participantes de grandes eventos frente al calor, la contaminación y la radiación ultravioleta. who.int

7. El poscarrera tiene que generar inteligencia

Después del evento, hay que consolidar el nivel de alerta, las condiciones por horario, la cantidad de largadas y llegadas, los abandonos, las atenciones, los traslados y la ubicación de los incidentes.

Los datos agregados y anonimizados pueden mostrar si una ola largó demasiado tarde, si un puesto quedó sobrecargado o si una zona del recorrido concentró problemas.

Esa memoria operativa permite mejorar las próximas ediciones. Sin ella, cada carrera vuelve a depender de la experiencia individual de algunas personas.

La seguridad climática también abre espacio para las empresas

Patrocinar seguridad exige más criterio que poner una marca en un puesto de hidratación.

Las empresas de meteorología pueden apoyar el monitoreo hiperlocal. Las marcas de tecnología pueden ofrecer paneles operativos y alertas. Las operadoras de telecomunicaciones pueden reforzar la conectividad. Las empresas de agua, indumentaria, seguros, movilidad y salud pueden financiar sombra, enfriamiento, capacitación y comunicación.

El valor comercial está en resolver un problema verificable.

Esta es una inferencia estratégica: a medida que los protocolos climáticos pasen a formar parte de la evaluación de calidad de los eventos, las marcas asociadas a soluciones de seguridad medibles podrían ganar más relevancia que las que se limitan a la exposición visual. Esta hipótesis tiene que validarse con investigación entre participantes y con los resultados de cada activación.

Hay, sin embargo, un límite ético evidente. La decisión de largar, modificar o interrumpir una carrera no puede estar influida por el interés de preservar la transmisión, las activaciones o la entrega de audiencia al sponsor.

El nuevo indicador de calidad de una carrera

La Organización Meteorológica Mundial informó que 2015–2025 fueron los 11 años más cálidos jamás registrados y que 2025 quedó aproximadamente 1,43 °C por encima del promedio de 1850–1900. Para América Latina y el Caribe, la entidad destacó el calor récord y los impactos crecientes sobre la salud, las comunidades y las economías.

En ese contexto, la hidratación sigue siendo indispensable, pero no reemplaza a la gobernanza.

La carrera preparada para el nuevo escenario será la que pueda responder, antes de la largada: ¿qué condiciones estamos monitoreando, quién toma la decisión, qué recursos se van a sumar y cómo va a recibir todo el mundo la información?

La seguridad climática no es un detalle médico ni una cláusula genérica del reglamento. Es gestión deportiva.

Sportslandbr invita a federaciones, grupos de entrenamiento, atletas y empresas a poner este tema en el centro de la planificación. La próxima evolución de las carreras brasileñas puede no verse en la medalla — pero va a estar en la calidad de las decisiones que permiten que cada participante vuelva a su casa sano y salvo.

Celio Bernardi

SportslandEl deporte conecta historias.